
El sueño de Jacob
La Biblia, el libro de Génesis, capítulo 28.
Allí soñó que había una escalinata apoyada en la tierra y cuyo extremo superior llegaba hasta el cielo... En el sueño, el Señor estaba de pie junto a él y le decía... Yo estoy contigo. Te protegeré por dondequiera que vayas...
–¡Tienes que irte!– dijo Rebeca tratando de persuadir a Jacob para que huyera. Un sirviente le había dicho que Esaú había amenazado airadamente con matar a Jacob.
–Huye a la tierra de tu abuelo Abraham, donde vive mi hermano Labán. Si no estás aquí tu hermano se calmará en unos años. Entonces enviaré a buscarte y podrás regresar.
Rebeca sabía qué decirle a su esposo Isaac para que dejara ir a su hijo Jacob.
–Él no debería casarse con una mujer impía- le dijo ella a Isaac. -En cambio, necesita una esposa piadosa.
Isaac estuvo de acuerdo con esto. Después de todo, era de la tierra natal de Abraham de donde había venido su propia esposa hace muchos años. Deja que Jacob encuentre allí también una esposa.
Isaac envió a buscar a Jacob y le dijo: «Jacob, hijo mío, no tomarás esposa de entre las mujeres de esta tierra. Vete a la tierra natal de tu madre, Aram. Allí encontrarás una esposa para ti. ¡Que Dios te bendiga!».
–¡Bueno!– pensó Jacob–. Mi propio padre me despide. Ahora puedo esconderme de Esaú y ni siquiera parecerá que estoy huyendo para salvar mi vida.
Se despidió de sus padres y familiares y emprendió su camino.
Jacob no le pidió a su padre que le diera nada para el camino. No llevó consigo ni siervos, ni ganado, ni siquiera un asno. Emprendió su camino solo. Jacob se sentía terrible. Era un pobre caminante desconocido que caminaba hacia un país lejano en el que nunca había estado antes. No tenía ni tienda ni casa en donde dormir. Por eso, cuando llegó la noche, tomó una piedra, se la puso debajo de la cabeza y se durmió en el suelo. Habían depredadores en esa tierra, pero Dios mantuvo a Jacob a salvo en su viaje. Sabía lo miserable que se sentía Jacob y le envió un sueño maravilloso.
En su sueño, vio una escalinata apoyada en el suelo cuyo extremo superior llegaba hasta el cielo. Los ángeles de Dios subían y descendían sobre ella. Dios mismo estaba parado en la cima. Le dijo a Jacob: «Yo soy el Señor que habló con Abraham e Isaac. A ti y a tu descendencia les daré la tierra en la que estás descansando. Tendrás mucha descendencia. Y todas las naciones serán bendecidas por medio de ellos. Yo estaré contigo y te guardaré, Jacob, dondequiera que vayas».
Y entonces Jacob se despertó y pensó: «Esto no fue sólo un sueño. Dios mismo está en este lugar. ¡Él acaba de hablar conmigo!».
Jacob tomó la piedra que había puesto debajo de su cabeza y la puso como un monumento. Y oró: «Dios, si me ayudas en este largo y peligroso viaje para que pueda regresar a casa sano y salvo, te adoraré y te serviré toda mi vida. Y de todo lo que me des te daré la décima parte».
Preguntas para conversar
3 preguntas¿Por qué Jacob se fue de su casa para irse a un país lejano?
¿Qué sueño tuvo Jacob?
¿Qué le dijo Dios a Jacob?