
Los hermanos se encuentran
La Biblia, el libro de Génesis, capítulos 32, 33, 35:1-7
...realmente yo, tu siervo, no soy digno de la bondad y fidelidad con que me has privilegiado. Cuando crucé este río Jordán, no tenía más que mi bastón; pero ahora he llegado a formar dos campamentos.
Durante el largo viaje todos estaban felices de dirigirse a la tierra prometida por Dios a Abraham y a sus descendientes. Lo único que les preocupaba era cómo los trataría Esaú cuando llegaran. Jacob sabía que Esaú había querido matarlo, por eso temía que Esaú lo matara a él y a sus hijos.
Cuando Jacob descubrió que Esaú había reunido a cuatrocientos hombres y había salido a su encuentro, no sabía qué hacer. Jacob pensó: «Si Esaú quiere hacerme daño, estaré en problemas». No podía escapar porque era imposible moverse rápido con grandes rebaños, mujeres y niños. Y no habían suficientes hombres para defenderse.
Lo primero que hizo Jacob fue dividir sus rebaños en dos grupos y enviar uno por delante. Jacob le explicó a sus hijos: «Si Esaú los ataca, sabré que todavía está enojado conmigo. Y al menos el grupo que quede podrá escapar». Jacob mismo fue con el primer grupo.
Cuando llegó la noche, se alejó un poco de las tiendas y comenzó a orar: «Dios, soy indigno de toda la misericordia y bendición que me has dado. Y ahora te ruego, que por favor, nos mantengas a salvo a mí y a mi familia. No dejes que Esaú nos mate, porque tú prometiste protegerme y dar esta tierra a mí y a mi descendencia».
A la mañana siguiente, Jacob envió a sus siervos con treinta camellos al encuentro de su hermano. Cuando salieron, Jacob envió otro grupo de sirvientes con doscientas ovejas. Al poco tiempo, envió rebaños de vacas, cabras y asnos para que se siguieran a cierta distancia unos a otros. Los animales estaban destinados a ser un regalo para Esaú. Jacob pensó: «Si Esaú recibe estos regalos uno por uno, no se enojará conmigo cuando nos encontremos».
Jacob envió a todo su pueblo con regalos para encontrarse con Esaú, pero todavía no había señales de Esaú.
Cuando llegó la noche, todos se fueron a dormir. Jacob se levantó en medio de la noche y envió a su familia y a sus rebaños a cruzar un arroyo que corría a lo largo del valle. Cuando estaba solo en la otra orilla del arroyo, alguien se le acercó y empezó a luchar con él. Este Alguien era el Ángel del Señor que había tomado forma humana. Lucharon durante mucho tiempo, y Jacob luchó con todas sus fuerzas para defenderse. El hombre se dio cuenta de que no podía derrotar a Jacob, así que lo golpeó en la cadera. Aunque Jacob no pudo seguir luchando, continuó agarrando al hombre.
—Déjame ir—dijo su Oponente—, es casi de madrugada.
Pero Jacob no lo dejó ir: «Primero dame una bendición».
—¿Cómo te llamas?—preguntó el hombre.
—Jacob.
—De ahora en adelante tu nombre no será Jacob, sino Israel, porque luchaste con Dios y con los hombres y has vencido.
—Por favor, dime tu nombre—preguntó Jacob—, pero no se lo dijo.
Y fue entonces cuando se dio cuenta de que había luchado con Dios, no con un hombre. Y Dios bendijo a Jacob.
Cuando el sol salió por el oriente, el Extranjero desapareció. Jacob lentamente se puso de pie y se dispuso a cruzar el arroyo poco profundo. Cojeaba porque le dolía la cadera.
Pronto Jacob alcanzó a su familia y sus rebaños. A lo lejos vio a unos hombres que venían hacia él. Estos eran Esaú y sus siervos. Con el corazón tembloroso se acercó a ellos y se inclinó siete veces como una expresión de respeto. Pero Esaú corrió hacia él, lo abrazó, lo besó y le dijo:
—Jacob, ¡qué contento estoy de verte de nuevo!
Jacob se sintió aliviado. ¡Esaú ya no estaba enojado con él! ¡Jacob estaba tan feliz de ver que el corazón de su hermano se había ablandado! Jacob le había pedido a Dios que Esaú cambiara de parecer y Dios respondió su oración. Y ambos hermanos lloraron de alegría.
Esaú vio a Raquel, a Lea y a sus hijos y preguntó: «¿Quiénes son estos que están contigo?».
Jacob respondió: «Estos son los hijos que Dios me dio». Y Raquel, Lea, las siervas y los hijos de Jacob se inclinaron ante Esaú.
Entonces Esaú preguntó:
—¿Por qué me enviaste esos rebaños y vacas que vi de camino hacia aquí? Ya tengo bastantes, hermano mío, guárdalos para ti.
Pero Jacob le insistió a Esaú: «Por favor, acepta esto como un regalo. Porque Dios me ha dado generosamente mucho y tengo todo lo que necesito».
Así fue como Jacob insistió y Esaú aceptó sus regalos. Esaú le dijo a su hermano: «Vamos juntos a mi casa».
Pero Jacob respondió: «No puedo ir rápido. Mis hijos son débiles y tengo muchos corderos y cabritos. Si los llevo demasiado rápido, todos los animales morirán».
Entonces Jacob no se fue con Esaú. Esaú regresó a su lugar que estaba lejos de la tierra de Canaán. Pero Jacob cruzó el Jordán y se estableció en la tierra de Canaán, junto a la ciudad de Siquem. Allí instaló sus tiendas de campaña, levantó un altar y adoró a Dios.
Preguntas para conversar
3 preguntas¿Cuál era el miedo más grande de Jacob al regresar a casa?
¿Cómo fue la reunión de los hermanos?
¿Cual fue el nuevo nombre que se le dio a Jacob?