
Jesús resucita a la hija de Jairo
La Biblia, el Evangelio de Lucas, capítulo 8, versículos 41, 42, 49-56
En esto llegó un hombre llamado Jairo, que era jefe de la sinagoga. Se arrojó a los pies de Jesús y le suplicó que fuera a su casa porque su única hija, de unos doce años, estaba muriendo...
Alguien llegó de la casa de Jairo, jefe de la sinagoga, para decirle: «Tu hija ha muerto. No molestes más al Maestro». Al oír esto, Jesús dijo a Jairo: «No tengas miedo; nada más cree y ella será sanada».
Jairo nunca había tenido que correr tanto en toda su vida. Era uno de los líderes de la sinagoga (una sinagoga era un lugar especial donde los judíos solían reunirse para orar). Había cosas que las personas que ocupaban altos cargos nunca hacían, y correr era una de ellas. Pero ahora, era una cuestión de vida o muerte. Su hija se estaba muriendo. Tenía doce años. Jairo amaba profundamente a su hija y cada día la veía más y más enferma. Justo en ese momento, Jesús y Sus discípulos llegaron a la ciudad y Jairo decidió pedirle ayuda. Se acercó a Jesús, se postró ante Él y le suplicó desesperado: «Maestro, mi hija se muere. Te ruego, por favor, que vengas y la sanes. Date prisa, por favor, antes de que sea demasiado tarde».
—Vamos—respondió Jesús—. Ve tú adelante y yo te seguiré.
Dado que abrirse paso entre la multitud resultó muy difícil, avanzaron muy despacio. Jairo se abrió paso ansiosamente entre la multitud. Pero de pronto, vio que su criado corría hacia ellos. El criado le dijo: «No hay necesidad de molestar más al Maestro. Su hija acaba de morir».
Jairo sintió que su corazón casi dejaba de latir. ¡Se acabó! Su querida hija había muerto. Todo había sido en vano. Jairo se quedó congelado y su rostro palideció de inmediato.
Jesús escuchó lo que dijo el criado. Agarró a Jairo por los hombros y le dijo: «No temas. Tu hija será sanada».
El jefe de la sinagoga no sabía qué creer. Conmocionado por la noticia, se dirigió a su casa.
Jesús lo siguió.
Mientras iban a la casa, escuchaban que la gente se lamentaba y lloraba a gritos. Jesús dijo:
—¡No lloren! ¡La niña no está muerta, sino dormida!
Al oír esto, la gente se rió de él. Sabían con certeza que la niña estaba muerta. ¿Cómo podía decir algo tan ridículo? Después de sacarlos a todos, Jesús se llevó a los padres y a Sus discípulos Pedro, Jacobo y Juan, y entró en la habitación donde estaba la niña tendida en la cama. El Señor la tomó de la mano y le dijo: «¡Niña, levántate!».
De repente, la niña respiró hondo y luego otra vez y abrió los ojos. Su rostro recobró el color y se levantó.
Los padres no lo podían creer. Su hija estaba viva. Estaban muy contentos. «Denle algo de comer. Necesita recuperar fuerzas», dijo el Señor.
Entonces se levantó y le sonrió a la niña antes de irse. Al poco tiempo, los discípulos, desconcertados y conmocionados, se dieron cuenta de lo que acababa de suceder. Se fueron de la casa de la familia feliz y se apresuraron a seguir al Maestro.
Preguntas para conversar
3 preguntas¿Cómo se llamaba el jefe de la sinagoga?
¿Qué le pasó a él?
¿Cuáles de los discípulos presenciaron el milagro de resucitar a la hija de Jairo?