
Jesús sana a un paralítico
La Biblia, el Evangelio de Lucas, capítulo 5, versículos 17-25
Pues, para que sepan que el Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados —se dirigió entonces al paralítico—: Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa. Al instante se levantó a la vista de todos, tomó la camilla en que había estado acostado y se fue a su casa alabando a Dios.
—¿Ya has oído las noticias?—preguntó un hombre a su amigo—. ¡Jesús ha venido a nuestro pueblo! Es el hombre que puede sanar.
—¿Pensaste en nuestro amigo? No puede caminar. ¿Cómo puede ir a ver a Jesús?
—Bueno, supongo que tenemos que llevarlo a Jesús—dijo el hombre.
Estos hombres pidieron ayuda a otros dos y muy pronto fueron a donde estaba su amigo paralítico. Juntos hicieron una especie de camilla, pusieron a su amigo en ella y corrieron a la casa donde se encontraba Jesús. Tanta gente quería escuchar y ver a Jesús, que hasta el patio de la casa estaba lleno. Esto sí que era un problema. Los hombres que llevaban a su amigo paralítico nunca podrían acercarse a Jesús debido a la multitud.
De repente, se le iluminó la cara a uno de ellos:
—¡Tengo una idea!—exclamó—. ¡Por el techo!
—¿Por el techo? ¿Qué quieres decir?
—El techo de esta casa es de arcilla común. Podemos hacer un hueco en el techo y bajar a nuestro amigo con cuerdas.
Dicho y hecho. Uno de ellos se apresuró a tomar las herramientas y la cuerda. Los otros subieron al paralítico por la escalera que conducía al techo plano. Tardaron un rato en hacer un hueco en el techo, justo encima del lugar donde estaba Jesús. Luego los amigos lo bajaron en su camilla por el techo hasta el centro de la multitud, justo delante de Jesús. Con una sonrisa, Jesús miró a los hombres en el techo, luego al paralítico y dijo algo totalmente inesperado: «Tus pecados te son perdonados».
Los maestros de la ley y los fariseos que estaban junto a Jesús se enfadaron. Sólo Dios puede perdonar los pecados, ¿no es así? ¿Quién se cree este hombre?
Pero Jesús sabía lo que estaban pensando en su interior en aquel momento, y les dijo: «¿Qué es más fácil decir: “Tus pecados te son perdonados”, o decir: “Levántate y anda”?».
Los maestros de la ley entendían que Dios es el único que puede perdonar los pecados. Al decir que los pecados del paralítico habían sido perdonados, Jesús dejó en claro que era mucho más que un simple maestro de moralidad.
—Pero ¿quién es realmente capaz de asegurarse si sus pecados están realmente perdonados?—pensó la gente—. Si Él pudiera sanarlo, habrían pruebas contundentes de que tiene alguna capacidad extraordinaria.
Jesús sabía lo que estaban pensando y les dijo:
—Cuando oigan hablar del perdón de los pecados, tienen que entender que Dios me ha dado no sólo el poder para sanar, sino también autoridad para perdonar los pecados.
Luego se dirigió al paralítico y le dijo: «Levántate, toma tu camilla y vete a casa».
El hombre se levantó inmediatamente: ¡se había recuperado por completo! Dobló su camilla, sus cuerdas y empezó a caminar entre la multitud de gente sorprendida. El hombre adoró a Jesús y alabó a Dios. Todos podían ver las caras de felicidad de sus amigos que presenciaron el milagro desde el techo de la casa...
Preguntas para conversar
3 preguntas¿Cómo sabemos que los amigos del paralítico eran creyentes? ¿Qué hicieron?
¿Qué le dijo Jesús al enfermo? ¿Por qué sorprendieron sus palabras a la gente?
¿Le dio gracias a Jesús el hombre que había sido sanado antes de irse a su casa?