
Jesús sana a un leproso
La Biblia, el Evangelio de Lucas, capítulo 5, versículos 12-14
En otra ocasión, cuando Jesús estaba en un pueblo, se presentó un hombre con su piel toda enferma. Al ver a Jesús, cayó rostro en tierra y le suplicó: «Señor, si quieres, puedes limpiarme». Jesús extendió la mano y tocó al hombre. «Sí, quiero» dijo. «¡Queda limpio! Y al instante desapareció la enfermedad».
Durante su ministerio público, Jesús tuvo que viajar mucho. Mientras visitaba diferentes pueblos y ciudades, se encontró con muchas personas débiles y enfermas y las sanó. En aquella época en la antigua Palestina, era muy común una enfermedad incurable llamada lepra. Era una enfermedad contagiosa en la piel.
Un día Jesús, acompañado de Sus discípulos, llegó a una ciudad de Galilea en donde se encontró con un leproso. El pobre hombre corrió hacia Él, cayó de rodillas y le suplicó: «¡Señor! Si quieres, puedes sanarme y dejarme limpio».
¡Qué profunda debía de ser la confianza que este hombre tenía en Jesús!
El Señor tocó al enfermo y le dijo: «Sí, quiero. Queda limpio».
No era sólo un deseo de Jesús, era una orden de Dios. ¡Nadie más que Dios se atrevería a decir algo así!
Y entonces ocurrió un milagro: la lepra desapareció. El hombre se alegró muchísimo porque su piel estaba limpia. El hombre, totalmente sano, se levantó ante Jesús.
El Señor quería que el hombre guardara silencio sobre su sanación. Le dijo que fuera a presentarse al sacerdote y ofreciera el sacrificio por su purificación, como estaba escrito en la ley.
Pero el hombre no pudo contenerlo. Y más y más personas venían a escuchar a Jesús y a ser sanadas de sus enfermedades.
Preguntas para conversar
3 preguntas¿Por qué el leproso era un peligro para los demás?
¿Por qué se alegró tanto el leproso de ver a Jesús?
¿Por qué Jesús no quería que el leproso compartiera sobre su sanación?