El maná y la roca

El maná y la roca

La Biblia, el libro de Éxodo, capítulos 16; 17:1-7

Allí, en el desierto, toda la comunidad murmuró contra Moisés y Aarón... —¡Ustedes nos han traído a este desierto para matar de hambre a toda la comunidad!

Entonces el Señor le dijo a Moisés: «Voy a hacer que llueva pan del cielo...»

Los israelitas viajaron por el desierto y se detuvieron junto a manantiales de agua donde la gente y su ganado podían beber y descansar a la sombra de las palmeras que también crecían allí. Luego siguieron adelante hacia el desierto del Sinaí.

La única comida que se habían llevado cuando salieron de Egipto era un poco de pan y ya se lo habían comido todo. Entonces ¿qué se suponía que debían comer ahora? Los israelitas deberían haberle pedido comida a Dios. Él los amaba y no podía dejarlos morir de hambre. Pero como todavía no habían aprendido a confiar en Dios, los israelitas comenzaron a quejarse. Fueron donde Moisés y Aarón y les dijeron:

—¡Ojalá hubiéramos muerto en Egipto! Allí teníamos mucha carne y comíamos hasta saciarnos. ¡Pero ustedes nos han sacado al desierto para matarnos de hambre!

¡Cuán desagradecidos fueron con Dios y Moisés! Pero el Señor que es lleno de misericordia y de paciencia, dijo a Moisés:

—He oído lo que dice mi pueblo. Les enviaré comida.

A la mañana siguiente, los israelitas salieron de sus tiendas y encontraron que el suelo estaba completamente blanco como la nieve. Entonces Moisés le dijo al pueblo:

—Aquí está el pan que Dios envió desde el cielo. Recójanlo y llévenlo a sus tiendas.

Los israelitas comenzaron a recoger ese pan celestial (maná) y todos tuvieron suficiente. Dios solía enviarlo temprano en la mañana y la gente tenía que recogerlo enseguida porque se derretiría con el sol.

Moisés les dijo:

—No recolecten demasiado maná ni guarden nada para el día siguiente, porque Dios les enviará maná todos los días.

Pero algunas personas no obedecieron a Moisés y guardaron el maná hasta el día siguiente. Querían comérselo a la mañana siguiente, pero descubrieron que habían gusanos en el pan y tuvieron que tirarlo todo.

Poco después, el pueblo de Israel se quedó sin agua. No habían ríos, lagos ni pozos en el desierto. ¿Pero los dejaría Dios morir de sed?

Por supuesto que no.

Sin embargo, los israelitas no acudieron a Dios, sino que fueron a reprocharle a Moisés nuevamente. «¿Por qué nos has sacado de Egipto? ¿Quieres que nuestros hijos y nuestro ganado mueran de sed en el desierto?».

Los israelitas se enojaron tanto que estuvieron a punto de apedrear a Moisés. Entonces Moisés volvió a clamar a Dios.

—¿Qué haré con esta gente?—suplicó.

Entonces Dios le dijo a Moisés:

—Toma tu bastón y sube la colina. Lleva contigo también a algunos de los ancianos de Israel. Una vez que llegues a la roca, golpéala con tu bastón y de ella saldrá agua.

Moisés golpeó la roca y de ella brotó agua fresca y limpia. ¡Qué bien le sabía el agua al pueblo sediento! Todos tenían la boca seca y los labios resecos, pero ahora podían beber, llenar sus cántaros de agua y recoger agua para su ganado.

Durante todo el tiempo que el pueblo de Israel estuvo en el desierto, Dios no los abandonó, aunque el pueblo muchas veces se quejaba y no confiaba en Dios.

Preguntas para conversar

5 preguntas
  1. ¿Cómo era el desierto?

  2. ¿Qué hicieron los israelitas cuando tuvieron hambre?

  3. ¿Cómo sació Dios el hambre de ellos?

  4. ¿Por qué el maná se echó a perder cuando la gente lo guardó para el dia siguiente?

  5. ¿Qué hicieron los israelitas cuando se quedaron sin agua?, ¿Cómo les proveyó Dios agua?

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