
La caída de Adán
La Biblia, el libro de Génesis, capítulo 3
Pero el Señor llamó a Adán y le dijo: «¿Dónde estás?».
Cuando Dios creó los cielos, también creó ángeles. Vivían en el cielo, en el lugar de Dios, y le servían. Un día un ángel se fue en contra de Dios porque quería ser tan poderoso como su Creador. Muchos ángeles se unieron a la rebelión. Entonces Dios los arrojó del cielo a la oscuridad llamada el inframundo. Al ángel caído se le llamó el diablo o Satanás. Era el jefe de todos los ángeles rebeldes. Satanás sabía que si Adán y Eva cometían un pecado, morirían e irían al infierno. Odiaba a los humanos y estaba ansioso por quitarles la alegría de estar en la presencia de Dios.
Se le ocurrió una idea: «Intentaré hacerles comer del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal que Dios les prohibió comer». Satanás tomó forma de serpiente y entró en el jardín del Edén.
Un día Eva caminaba sola por el jardín y se acercó al árbol del conocimiento del bien y del mal. Estaba de pie junto al árbol cuando escuchó una voz: ¡Eva! La mujer se asustó.
—¿Quién me habla?—preguntó—, y de repente vio a la serpiente a su lado. La serpiente le preguntó: «¿Es verdad que Dios no te deja comer fruto de ningún árbol del jardín?».
—No, él no dijo eso—respondió Eva. Podemos comer del fruto de cualquier árbol del jardín, excepto de éste. De lo contrario, moriremos.
—No, no morirás del todo—dijo la serpiente. La única razón por la que Dios dice eso es porque Él no quiere...
que lo toques. Él sabe con certeza que si lo comes, entenderás mucho más de lo que ahora sabes. Serás como Dios, conocerás el bien y el mal.
Y la serpiente desapareció. Eva siguió mirando la fruta. La admiraba. La idea de llegar a ser como Dios mismo era tan simple y fácil que la dejó sin aliento. Tocó la fruta con cautela, pero no pasó nada. La cogió y le dio un mordisco. No cayó muerta. La fruta tenía un sabor dulce. En ese momento, Adán se acercó a ella.
—Toma Adán, ¿por qué no pruebas esto?—Eva dijo—. He probado la fruta prohibida y, como puedes ver, ¡todavía estoy viva!
Adán no esperó mucho y también la mordió. Tampoco murió. Al menos en ese momento. Pero algo cambió enseguida porque la muerte llegó al mundo, y desde ese momento el mal y el pecado alcanzaron el corazón de cada persona. El pecado es la desobediencia a Dios y la violación de sus mandamientos. La muerte es el castigo por los pecados. Pone fin a la felicidad de las personas. Exactamente por eso fue que el diablo lo hizo; ese fue su verdadero objetivo. De repente, Adán y Eva se dieron cuenta de que estaban desnudos y se avergonzaron de ello. Se hicieron ropa con hojas grandes que recogieron. Creyeron saber qué hacer, pero algo seguía molestándoles. Los primeros humanos se sintieron avergonzados y un sentimiento de culpa les invadió. Nunca habían sentido algo parecido.
Aquella noche, Dios entró al jardín. Al oírle caminar, Adán y Eva intentaron esconderse en el bosque del Paraíso. Antes Dios era su amigo, pero ahora le tenían miedo. La hermosa relación entre Dios y los humanos fue arruinada por el pecado. Antes, ellos habían amado a Dios y confiado en Él; pero ahora tenían que esconderse de Él.
Y Dios se acercaba. Llamó en voz alta, «¿Dónde estás, Adán?».
Él no estaba llamando a Adán porque no sabia dónde encontrarlo, porque Dios puede verlo todo y a todos. Él los estaba llamando para que Adán y Eva se dieran cuenta de que Dios los buscaba.
—¡Aquí estoy!—respondió Adán—. En ese mismo momento, Adán pensó en lo insensato que era tratar de esconderse de Dios: «Oí tu voz y tuve miedo, porque estaba desnudo».
—¿Quién te dijo que estabas desnudo?—le preguntó Dios—. No recuerdo que te hayas avergonzado de eso antes. No has comido del fruto prohibido, ¿verdad?
Adán no se atrevió a mirar a Dios. «La mujer que me diste me dio el fruto», respondió en voz baja.
—¿Por qué has hecho eso?— le preguntó Dios a Eva—. La serpiente me engañó prometiéndome mucho—intentó defenderse Eva—. Cedí a su insistencia.
Dios le dijo a la serpiente: «¡Maldita serás por lo que has hecho! Las personas serán tus enemigos para siempre. ¡Pero un día vendrá uno y te vencerá!»
Adán y Eva no entendían de qué estaba hablando Dios. No sabían en ese momento que Dios iba a enviar a un Salvador para destruir el mal.
—Ahora saben lo que es el bien y el mal—pensó Dios—. Los humanos desean ser como yo, pero son demasiado débiles para resistir el mal. Por eso no quiero que coman del fruto del árbol de la vida.
—Tendrán que irse del jardín—dijo Dios a Adán y Eva—. Eva, tendrás hijos, pero su llegada te dolerá. Tú, Adán, tendrás que trabajar duro para alimentarte y alimentar a tu familia. En tus campos crecerán espinas y malas hierbas, y no tendrás descanso hasta que mueras. Y entonces tu cuerpo se convertirá de nuevo en polvo, porque de polvo fuiste hecho.
Antes de que Adán y Eva se fueran del Paraíso, Dios les hizo ropas de pieles. Así es como Dios siguió cuidando de las personas a pesar de que desobedecieron a Dios y que ya no se les permitía vivir cerca de él.
Entonces Adán y Eva fueron expulsados del Paraíso. Dios colocó querubines y una espada ardiente para custodiar el jardín y el árbol de la vida. Pero... ¡Dios prometió enviarles un Salvador!
Preguntas para conversar
3 preguntas¿De qué árbol no se les permitió comer el fruto a Adán y Eva?
¿Quién le sugirió a Eva que comiera un fruto del árbol?
¿Qué les prometió Dios a Adán y Eva?