
Salomón pide sabiduría
La Biblia, el libro de 1 Reyes, capítulos 2 y 3
David ya estaba próximo a morir, así que le dio estas instrucciones a su hijo Salomón: «Yo estoy a punto de ir por el camino que todo mortal transita. ¡Cobra ánimo y pórtate como hombre! Cumple las órdenes del Señor tu Dios; sigue sus caminos y cumple sus estatutos, mandamientos, ordenanzas y mandatos...».
Antes de morir, el rey David convocó a todos los líderes de Israel en Jerusalén y les dijo que había planeado construir un templo para el Señor en reemplazo del tabernáculo. Pero Dios no le permitió hacerlo porque David luchó en muchas guerras.
—Mi hijo Salomón construirá una casa para el Señor—dijo David—. Dios me ha prometido que no abandonará a Salomón y que consolidará su trono sobre el reino si cumple sus mandamientos.
Y David les ordenó a todos que observaran los decretos de Dios y que le sirvieran de todo corazón. Todos los ancianos y todos los hijos de David juraron solemnemente obedecer al nuevo rey Salomón.
El Señor bendijo a Salomón y se convirtió en un rey poderoso. No sólo su propio pueblo lo amaba y respetaba, sino también los pueblos vecinos.
Al principio de su reinado, Salomón, humilde y agradecido, hizo una ofrenda al Señor. Por la noche, el Señor se le apareció en un sueño al joven rey y le dijo:
—Pídeme lo que quieras.
Salomón dijo: «Siempre has sido un apoyo firme para mi padre. Ahora me has nombrado rey en su lugar. Pero soy muy joven e inexperto. Señor mío, por favor, dale a tu siervo un corazón entendido para gobernar a tu pueblo y distinguir entre el bien y el mal. ¿Quién podrá gobernar a este gran pueblo tuyo?».
El Señor respondió: «Puesto que has pedido sabiduría y no larga vida, ni riquezas para ti, te daré lo que has pedido. Además, te daré riquezas y honores para que no haya nadie como tú. Y si cumples mis decretos y mandatos como David, tu padre, te daré una larga vida».
Salomón se despertó y alabó a Dios por lo que le había prometido en un sueño.
Un día se presentaron ante el rey dos mujeres con un bebé. Querían que el rey juzgara entre ellas. Una de ellas dijo: «Vivimos en la misma casa. Las dos tuvimos hijos casi al mismo tiempo. Una noche, el hijo de esta mujer murió. Cuando se dio cuenta de que su hijo había muerto, agarró al mío y puso a su hijo junto a mi pecho mientras yo dormía».
La otra mujer respondió: «¡No! Mi hijo está vivo y el tuyo está muerto».
Y así discutieron ante el rey.
Era un caso difícil de decidir, y todos esperaban el veredicto del rey. Salomón dijo a su criado: «Trae una espada, parte al niño en dos y dale una mitad a una mujer y la otra mitad a la otra».
Y la mujer cuyo hijo estaba vivo gritó: «¡Oh, señor mío! Por favor, dele el niño vivo a esta mujer. ¡Pero no lo mate!».
Y la otra mujer dijo: «Ni yo ni tú lo tendremos. ¡Córtalo en dos!».
Así fue como el rey descubrió cuál mujer era la madre del bebé. ¡La madre del bebe fue quien tuvo al niño vivo!
Y todo Israel oyó el sabio veredicto que el rey había dado. El pueblo lo respetaba aún más porque veían que tenía sabiduría de Dios para administrar justicia.
Preguntas para conversar
3 preguntas¿Por qué Dios no quería que David construyera un templo?
¿Qué le pidió Salomón a Dios?
¿Cómo resolvió Salomón el conflicto entre las mujeres?