
El triunfo de la fe
La Biblia, el libro de 1 Samuel, capítulo 17
David dijo... «Hoy mismo el Señor te entregará en mis manos, ... y todo el mundo sabrá que hay un Dios en Israel. Todos los que están aquí reconocerán que el Señor salva sin necesidad de espada ni de lanza. La batalla es del Señor y él los entregará a ustedes en nuestras manos».
Después de la visita de Samuel, David siguió cuidando ovejas. Cuando se dirigía a los pastos, llevaba consigo una lira. Mientras las ovejas pastaban tranquilamente, él tocaba su lira y componía nuevas canciones. Pero a veces, el joven pastor pasaba momentos difíciles. Una vez protegió a sus ovejas de un oso.
—Lo que Dios hace por mí es similar a lo que yo hago por mis ovejas—pensó David después de haber estado a punto de perder un cordero—. Él me cuida, me provee y me protege cuando estoy en peligro.
David agarró su arpa, pensó un poco mientras pulsaba las cuerdas, y luego cantó:
—El Señor es mi pastor, nada me falta: En verdes pastos me hace descansar, junto a tranquilas aguas me conduce. Me infunde nuevas fuerzas. Me guía por sendas de justicia haciendo honor a su nombre. Aun si voy por valles tenebrosos, no temeré ningún mal porque tú estás a mi lado; tu vara y tu bastón me reconfortan.
Un día Saúl se enfureció nuevamente y todos en la corte real estaban temblando de miedo. Repentinos ataques de ira se apoderaron de él una y otra vez. Sin embargo, por lo general se arrepentía y después se deprimía profundamente. En una ocasión, un criado de Saúl sugirió llamar a David al palacio, porque sabían que era bueno tocando el arpa. Así fue como David terminó en la corte de Saúl. ¡Si Saúl sólo hubiera sabido que el joven que tenía ante sus ojos era el rey ungido por Samuel! Pero no tenía ni idea, y pronto se encariñó mucho con David. Y la forma en que David tocaba el arpa realmente conmovía el corazón de Saúl.
Cada vez que el rey Saúl iba a la guerra contra los filisteos, David podía regresar a casa, pues ¿quién quiere un músico joven en el campo de batalla? Así pues, David volvió a cuidar las ovejas de su padre, sus hermanos siguieron a Saúl y se fueron a la guerra.
Un día su padre lo llamó y le dijo: «Toma algo de comida para tus hermanos y ve al campamento de nuestro ejército».
David tardó pocas horas en llegar hasta allí. Llevó algo de comida para sus hermanos, se sentó junto a ellos y se puso a escuchar lo que hablaban los soldados.
De repente, todos se quedaron en silencio y miraron ansiosamente a lo lejos. Un filisteo se acercaba al ejército israelí. ¡Qué guerrero! Su nombre era Goliat. Era fuerte, musculoso y de unos tres metros de altura. Llevaba una pesada armadura y portaba una enorme lanza.
—¡Mi oferta sigue en pie!—gritó— . Dame un hombre y luchemos entre nosotros. Si me gana, admitiremos la derrota. Si gano, serán derrotados. ¿Tienen miedo o algo así? ¡Cobardes!
—¿Ya los ha retado a una pelea antes?— preguntó David a sus hermanos.
—Muchas veces. Pero, por supuesto, es inútil. ¡Luchar contra ese gigante es una muerte segura!
—Pero Dios está de nuestro lado, ¿no?—David se sorprendió.
Los soldados se rieron.
—Cuando se trata de fuerza, agilidad y buen armamento, ¿qué tiene que ver Dios con eso?
El rey Saúl incluso prometió dejar que el valiente soldado que derrotara a Goliat se casara con su hija. Pero nadie se atrevió a enfrentarlo.
Le dijeron a Saúl que el joven David, que había tocado el arpa para él, estaba en el campamento del ejército. Y Saúl mandó a llamarlo.
—Déjame luchar contra el filisteo—pidió David.
—¡Ni se te ocurra!—respondió el rey—. Goliat es un guerrero fuerte y experimentado, y tú eres demasiado joven.
—Pero yo he matado leones y osos cuando venían a llevarse corderos de mi rebaño. Dios me ayudó entonces y me ayudará a enfrentar al filisteo y a derrotarlo—dijo con seguridad el joven.
—Realmente admiro tu fe—dijo Saúl—. Nadie quiere desafiar y enfrentar a Goliat excepto tú. ¡Ponte mi armadura, toma la espada y vete! ¡Que el Señor esté contigo!
David se probó la armadura de Saúl, pero era demasiado pesada para él. Apenas podía caminar, por eso se la quitó. David tomó su honda (una correa para arrojar piedras), cinco piedras lisas, su bastón y se acercó al filisteo.
—¡Jajaja!— el filisteo se rió al ver que un joven se le acercaba con una honda—. Ahora, ¿realmente vas a enfrentarme?
—Tú vienes contra mí con espada y lanza, pero yo vengo contra ti en el nombre del Señor, el Dios de los ejércitos de Israel—exclamó David.
Arrojó una piedra e hirió al filisteo. La piedra se hundió en la frente del gigante, justo donde su casco no lo protegía. Goliat cayó al suelo. David corrió hacia él, tomó la espada del filisteo, la desenvainó y lo mató.
La victoria de David sobre Goliat inspiró tanto a los israelitas que expulsaron a los filisteos del país sin miedo.
Preguntas para conversar
3 preguntas¿Con qué arma equipó Saúl a David?
Goliat se burló de David. ¿Qué dijo Goliat?
¿Cómo derrotó David a Goliat?