Los espías

Los espías

La Biblia, el libro de Números, capítulos 13 y 14

El Señor dijo a Moisés: «Envía a algunos de tus hombres a explorar la tierra de Canaán que estoy por entregar a los israelitas. De cada tribu enviarás a un líder que la represente».

—Verdaderamente, esta es una tierra muy rica—dijo Josué.

Moisés lo había enviado con representantes de las otras once tribus a explorar la tierra prometida. Durante cuarenta días recorrieron la tierra. Volvieron y le informaron al pueblo de sus tierras fértiles de cultivo, sus verdes pastos y sus bosques. También trajeron una rama con un racimo de uvas. Era tan grande que dos hombres tuvieron que llevarla en un palo. Todos los espías afirmaron unánimemente:

—¡La tierra de Canaán fluye con leche y miel!

Luego dudaron. Pero finalmente, uno de ellos se armó de valor y dijo:

—Moisés, no podremos ocupar la tierra por muy buena que sea. ¡Las personas que viven allí son demasiado poderosas!

Y los otros espías comenzaron a describir a las personas que vivían allí como personas que eran muy altas, y que vivían en ciudades bien fortificadas.

La multitud empezó a gritar de ira. Todos estaban enojados con Moisés por haberlos puesto en una situación tan desesperante. Pero de repente alguien alzó su voz por encima de la multitud. Era Caleb, uno de los espías de la tribu de Judá que también había explorado la nueva tierra.

—¡Podemos derrotarlos!—él exclamó—. ¡Confíen en mí! Pero sobre todo, ¡confíen en el Señor! Él prometió darnos esta tierra. ¡Él puede ayudarnos!

Josué estuvo de acuerdo con Caleb: «¡No cedan a la cobardía! El miedo exagera el peligro. ¡Solamente no se rebelen en contra de Dios!».

Los gritos de la multitud se hicieron cada vez más fuertes, los israelitas enojados interrumpieron a Josué y a Caleb. Estaban tan disgustados y enojados que ni siquiera estaban dispuestos a escucharlos. Pero entonces todo el pueblo vio claramente la nube sobre el tabernáculo. Era la gloria de Dios revelada allí.

La multitud que refunfuñaba quedó en silencio en un instante.

Moisés corrió al santuario para averiguar lo que Dios quería decirles a los israelitas.

—¡Los heriré con pestilencia por no creerme!—Fue el temible veredicto de Dios.

Moisés le imploró a Dios que perdonara el pecado del pueblo una vez más.

Dios respondió: —No destruiré a este pueblo conforme a lo que me has pedido. Pero ninguno de los que vieron mis milagros en Egipto y en el desierto y continuaron despreciando mi autoridad, verá jamás la tierra que les prometí dar a sus antepasados. ¡No los dejaré entrar a la tierra prometida! El pueblo vagará por el desierto durante cuarenta años y sólo después se les entregará la nueva tierra. Para entonces todos ellos habrán muerto. Sólo Josué, Caleb, y los que hoy son jóvenes podrán llegar a Canaán.

Preguntas para conversar

5 preguntas
  1. ¿Quién se suponía que debía explorar la tierra?

  2. ¿Cuántos de ellos fueron?

  3. ¿Cómo se llamaban dos de ellos?

  4. ¿Qué vieron los espías en la tierra de Canaán?

  5. ¿Qué podemos aprender de esta historia?

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